Salud

Una nueva ocasión para dejar de ser un apestado, por Albert Molins

Una nueva ocasión para dejar de ser un apestado, por Albert Molins

Soy fumador desde hace mucho tiempo. Excepto por un breve interludio en el que dejé de trabajar durante tres años, entre el nacimiento de mis dos hijos, he fumado toda mi vida. Soy adicta al tabaco no, lo siguiente. Aun así, o precisamente por eso, lo que hay que hacer es reducir los espacios donde los fumadores pueden encender un cigarrillo.

Y de la misma manera que el entorno que genera la obesidad dificulta el combate a la obesidad -esa otra epidemia contra la que todavía se organiza con tanta tibieza- piedras Ponerlo cada vez más difícil para nosotros no solo es algo bueno y necesario desde el punto de vista de la salud pública, sino también para los que siempre nos llevamos el cigarrillo a la boca.

Llegados a este punto, no hace falta decir que el tabaco no solo perjudica a quienes lo consumen, sino también a quienes inhalan nuestro humo. Es decir, cuando no mata, es causa de enormes gastos económicos y sociales, en forma de gravísimas enfermedades.

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Jóvenes estudiantes fumando en un balcón del centro de Barcelona

Mané Espinosa / ONU

Para nosotros, menos lugares para fumar significa menos posibilidades de encender un cigarrillo a lo largo del día, y por lo tanto menos veces que tu hijo te diga que hueles a tabaco o que tu pareja te rechazará, quizás, un beso porque tu aliento huele a cenicero. .

Con cada bocanada, el tabaco y nuestra incapacidad para dejar de fumar nos hace apestar más y más, literal y figurativamente. Porque es el tabaco y nosotros somos los únicos responsables, no las leyes, de que acabemos siendo unos parias buscando cualquier rincón que cojamos, aunque sean cuatro caladas rápidas.

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